Intervenir con familias desde los centros de día

Hablar de la familia en una sociedad donde el concepto de tiempo y esfuerzo en el trabajo se difumina y transforma, nos hace ver y replantear los lazos de unión, su composición, su dedicación, sus obligaciones y sus deberes. Hablar de familia hoy en día supone revisar también el papel de la mujer y su lucha por la igualdad de género, en especial dentro de un mercado laboral donde su trabajo suele estar infravalorado.

La transformación de papeles sobre las “obligaciones” que la mujer “hereda” por ser mero hecho de serlo, la conquista de un espacio propio no sólo en la sociedad sino también en ese micromódulo que es la familia, el cambio de roles equiparándolos en el mejor de los casos o asignado doble función a la mujer… hacen que la conciliación de la vida familiar y laboral sea un trabajo complicado. La superación del  concepto de estricta moral, el incremento y disparidad de distintas uniones legalizadas y equiparadas como corresponde a una sociedad moderna del siglo XXI, nos hace replantearnos el papel de la familia en cualquier proceso, y en especial en el de salud-enfermedad. ¿Qué papel desempeña? ¿Para qué cuentan con ella? Para ser cuidador o acompañante, suplente de figuras necesarias en el nuevo concepto sociosanitario o para desarrollar su función de cuidado y amparo.
Toda esta reflexión nos llevaría a un discurso paralelo a este proceso: el estancamiento del papel de la familia en el campo de las adicciones desde la década de los ochenta. El rechazo, quizás me atrevería a decir el miedo, de algunos profesionales al “control” o simplemente “supervisión afectiva” del o en el proceso terapéutico, no impide hacerlas partícipes en estudios empíricos que serían de gran utilidad en estos momentos. Por otro lado, dedicar un esfuerzo a una parte, sabiendo que el Intervenir con Familias Desde los Centros de Día.

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