“La movida” y sus precedentes: Los años 80
Madrid, como otras ciudades, vivía un despertar ideológico, conductual y también económico. La crisis, la falta de poder adquisitivo, acaecía entre los hijos de las clases trabajadoras; el alcohol se cebaba en ellas; por las calles y especialmente en los primeros bancos de madera que en ellas se instalaron era fácil encontrar grupitos con cabezas rapadas o pelos largos enganchados al biberón del ocio de la insatisfacción: la litrona. Los bares de los barrios con sus cañas y vinos, y en aquellos más obreros -precisamente donde residían las clases más luchadoras de la democracia y por la democracia- aparecía entre sus hijos el fenómeno “del caballo”, no sería hasta los 90 cuando transgredió estos límites para entrar en otras clases culturales y sociales.

Los años 80 no se entienden sin el análisis y el fruto de los años anteriores. La década de los 70 -la triunfal- no logró imponer una cultura oficial del ‘general’, incluso ante la necesidad de abrirse a otras formas de ocio y de cultura. El antiguo régimen deseaba establecer que lo verdaderamente importante era tener un coche, televisión y vacaciones, había que disipar cualquier matiz de cambio o de apertura, aunque no pudo y lo tuvo que permitir a costa de continuos encarcelamientos por la ley de peligrosidad social.
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